Llegará un momento en mi vida en que los años oscuros pierdan en número frente a los luminosos, o eso dicen. En cualquier caso ese punto todavía queda muy lejos y no me puedo permitir el lujo de considerar que el túnel fue un inciso pasajero perfectamente superable. No lo fue. No lo he superado. Ni siquiera he llegado a salir.
Sí admito que en ocasiones he recibido gratas visitas, y que me han llevado de paseo. La presencia de estos bellos seres a mi lado fue tan cegadora que me convencí de que estaba fuera. Hay personas que algunos días brillan de una manera deslumbrante, tengo que reconocerlo, o eso o que soy francamente impresionable. Pero el contraste de sus cuerpos contra el negro absoluto consiguió que creyera una vez tras otra, torpe de mí, que ya no pertenecía más al reino de las cloacas.
Ahora, como toda criatura apestada, pienso que este hedor no está tan mal cuando te acostumbras, y que cada uno tiene que aceptar de buen grado su naturaleza, porque todos estamos hechos para una cosa y no otra. A quién no le apetece vivir rodeado de ninfas escuálidas que hagan cola en fila india para ofrecernos copas de vino. O qué sé yo, morenazas con cubatas, eso da igual. La cuestión es que hay quien ha nacido para la aventura y hay quien no. Y nosotros, los que padecemos del corazón en todos los sentidos, somos de los que no. Porque cualquier altibajo nos lleva a la tumba, y la emoción de tenerlo todo hoy sin saber qué va a pasar mañana o viceversa a mí particularmente puede provocarme un ataque que me deje las rodillas temblando de por vida. ¿Os lo imagináis? ¿Temblando de por vida? No puedo arriesgarme a eso.
El agujero es mejor, he nacido en él, me he asomado, he visto los colores del exterior y cada vez que saco la cabeza recibo latigazos en los ojos. Regreso a la comodidad de las calamidades controladas rebosante de reafirmaciones sobre mi pasado y mi futuro. No puedo pretender ser ninguna otra cosa, no saldría bien. Y es que siempre que te echen de un sitio lo que más recomiendo es pensar que en realidad fuiste tú quien no quiso estar allí.








